¿Por qué queremos controlar la fuerza de los hombres?

Muchas mujeres se quejan de que sus hombres después de varios años de matrimonio ya no son lo que eran… Ya no son aquellos hombres fuertes; ya nada les interesa a parte de salir con sus amigos o pasar horas enteras tumbados en el sofá viendo la tele o “perdiéndose” en redes sociales… Las mismas mujeres se olvidan que son ellas las que algún día le han elegido y le han querido. Por algo!! Pero de ese “algo” ni ellas mismas se acuerdan. Porque este “algo”, de pronto, ha desaparecido. ¿Y si no es tan de pronto??

Cuando estamos en el momento del inicio de una relación, nos sentimos muy atraídas por la fuerza y energía masculina. Estamos orgullosas de nuestro hombre. Contamos con entusiasmo  a nuestras amigas que valiente, interesante e inteligente es. Nos gusta cuando nuestro hombre defiende su posición: “tu no irás a este lugar sola y punto..” y aun que no estemos de acuerdo en nuestras cabezas suena esa alegre melodía: “Estoy protegida. Es fuerte. Él es un hombre de verdad”.

Luego nos casamos, pasan años y de repente, nuestro hombre cambia y ya no es lo que era… Muchísimas veces después de matrimonio, el mundo del hombre cambia radicalmente. Y quien es el autor de tal obra maestra sino Nosotras Mismas???

Un amigo mío, “por el amor a su esposa” tuvo que romper relaciones con todos sus amigos. Sólo quedaron un par de “opciones aceptables”. Al mismo tiempo desapareció de su vida su pasión – senderismo, escalada, porque resulta esto era muy peligroso para el padre de familia. Ultimátums se fijaban de forma rígida: “o yo, o esto”, seguidos de argumentos tales como hay que madurar, hay que pensar en la familia. Y él aceptaba. Convirtiéndose poco a poco en un hombre infeliz.

Y es lo que sucede a menudo. Las mujeres tratan de “domesticar” al hombre para su comodidad, para no preocuparse dónde está, cómo y con quién. Es lo mismo que intentar encerrar a un león en la jaula, pretendiendo convertirlo en el gato de casa.  Y los hombres lo aceptan. Debido a que no vieron otros ejemplos, muchos crecieron viendo a su padre “domesticado” igual, privado de su poder y libertad. Ellos todavía no entienden el precio que están pagando y lo llaman simplemente “asentarse y madurar”. Y porque nos aman y quieren vernos felices! Pero sus almas conocen y recuerdan todo; sus corazones anhelan su fuerza, energía y libertad.

No es casualidad que a la edad media muchos hombres tratan de deshacerse de esta carga: comprar coche de carreras, hacer algo extremo o dejar a su mujer. Y si todo esto no es posible se hacen adictos a los  juegos de ordenador para convertirse en un héroe, por lo menos allí.

Resulta que queremos casarse con Superman, el que nos conquistó con su fuerza, coraje y los hechos, pero que vivir nos es más “práctico” con un inútil que hace algo aburrido y seguro, lava los platos y suelo, poco interesante para nadie, ni siquiera para nosotras mismas. Y por mucho que se resistan las mujeres, en el fondo, ellas sueñan que su marido vuelva a ser como antes – fuerte, salvaje, apasionado.

Upps, ¿Te suena esto? ¿Y ahora que hacemos?

Dejar de controlar  y “domesticar” al hombre.

Aprender a respetar y confiar en él completamente. Dejar de controlarlo, revisar su teléfono, decir que es lo que tiene que hacer y cómo, dejar de evaluar su hobby por su peligro.  Y claro, ahora como ya no es un hombre cómodo y poco interesante, sino atractivo, hay que seguir siendo para el la más… La más bella, más amorosa, más tierna, más impredecible, más TODO!! 

Efectivamente, nosotras las mujeres también tenemos que cambiar. Es otra elección, otra vida. ¿Vale la pena? Tu decides…

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